viernes, agosto 17, 2018

¿Cuál es el error más típico de un corredor?




Por Rocío Pomares Psicóloga deportiva


Correr es un deporte relativamente fácil, cualquiera puede hacerlo, pero se suelen cometer muchos errores durante su práctica. No aprender la técnica de carrera, salir sin un plan de entreno, no llevar zapatillas adecuadas, no estirar ni entrenar otros músculos, no hacer descansos… pueden convertir algo tan saludable como hacer deporte en una auténtica amenaza para nuestra salud. Además, otro de los errores típicos que se cometen a la hora de entrenar y también en competición son los “piques” con otros runners.

Generalmente, las personas que practicamos deporte solemos ser competitivos, nos gusta superarnos y a veces eso nos lleva a compararnos con los demás. Ver a alguien que corre más rápido que tú o que tiene mayor resistencia, puede ser una motivación, pero si te dejas llevar, puede alterar tus objetivos y metas.

Por ello es fundamental que conozcas bien cuáles son tus límites y te centres en realizar tu propio entrenamiento y objetivos diarios. Ver quién sube las cuestas más rápido o hace el entrenamiento más duro puede ser un medio de motivación siempre y cuando lo hagas con alguien que tenga un nivel similar al tuyo. Lo mejor es entrenar con amigos, pero no para saber quien es mejor, sino para mejorar. Para medirse están las carreras, es ahí donde podrás valorar tu nivel.

Céntrate en tus propios objetivos, y entrena tu autocontrol, una capacidad determinante para el éxito, no sólo en el deporte sino también en la vida.
CONÓCETE: ayúdate de un profesional que te acompañe y te ayude a evitar los errores típicos del corredor. Aprende a escuchar a tu cuerpo, dosificar el esfuerzo y conocer tus propios límites para no dejarte llevar por lo que hagan los demás.
PONTE METAS CONTROLABLES: Céntrate en lo que está bajo tu control para seguir mejorando. No quieras saltar de nivel demasiado rápido y pasar a una maratón sin pasar por la media porque lo va hacer un amigo. Tú a tu ritmo. Con constancia todo llega.
TEN UN DIARIO DE ENTRENAMIENTO. Verbaliza con el grupo tus entrenos. Escribe en tu agenda lo que vas a realizar cada día ( y por supuesto los días que vas a descansar). Esto te ayudará a comprometerte con tu entrenamiento y no variarlo a última hora porque otro corredor quiera hacer algo diferente.
SE ASERTIVO. Elige bien tus batallas. No entres al juego si se trata de un corredor con un nivel diferente al tuyo. Aprende a decir “no” y hazte respetar para que respeten tu ritmo de entrenamiento. Hazlo por tu salud.
ANTICÍPATE: si sabes que viene ese amigo que le gusta retarte, ve preparado para no “picar” el anzuelo. Házselo saber, muestra seguridad en tu argumento y en tu lenguaje corporal.
CONTROLA TUS EMOCIONES: especialmente en competición, la euforia del momento y el extra de motivación en la salida hace que nos sobremotivemos y salgamos dándolo todo. Si no lo controlas acabarás siguiendo el ritmo de los demás competidores, corriendo por encima de tu nivel sin dosificar. Recuerda: sal “des-pa-cito”, lleva bien preparado tu ritmo de competición, no dejes de mirar tu reloj, tus pulsaciones, tu ritmo y olvídate del resto si lo que quieres es llegar a la meta sano y salvo.

No olvides que corres por y para ti. Céntrate en superarte a ti mismo y ser cada día mejor, tanto en el running como en la vida.

jueves, agosto 09, 2018

El segmento #Redneck argentino en el #votojoven


 


Rubén Weinsteiner


Redneck es el término utilizado en Estados Unidos y Canadá para nombrar el estereotipo de un hombre blanco que vive en el interior del país y tiene bajos ingresos. Su origen se debe al hecho de que por el trabajo constante de los trabajadores rurales en exposición al Sol acaban quedando con sus cuellos enrojecidos (del inglés red neck, "cuello rojo"). Hoy se suele utilizar para denominar de manera peyorativa a los blancos sureños conservadores. El término también es usado ampliamente con una valoración negativa por los progresistas urbanos que perciben a los Rednecks como conservadores,de derecha etc. A la vez, algunos sureños blancos recuperaron la palabra, autoidentificándose con ella y usándola con orgullo.


En comunicación política el Redneck, es un sujeto de bajos ingresos, con como máximo 12 años de escolaridad, es decir, en el mejor de los casos terminaron el secundario. Los hay asalariados con bajos salarios, con algún oficio, cuentapropistas básicos y desempleados. Suelen ser conservadores, lo que en segmentación clásica llamamos Integrados (belongers) absolutamente adaptados, no cuestionan, no contestan, y los formatos de dimensión colectiva tienen que ver con la religión, lo nacional y con lo local.

Suelen ser evangélicos, bastante religiosos, y votan por lo general al partido repúblicano.

Con escasa actividad cultural, consumen y mucho cuando pueden, comen muchos alimentos procesados, mucha carne, les gusta beber, suelen casarse jóvenes y tener muchos hijos. No son muy afectos a la diversidad sexual, a los inmigrantes y a la otredad en general.


En las últimas elecciones de EE.UU. el segmento Redneck adquirió una relevancia inédita,

El EE.UU. rural y evangélico marcó la diferencia. Donald Trump arrasó entre los rednecks, a los que no les molestaron ni las comentarios machistas, ni anti hispanos ni anti musulmanes de Trump.

El voto Redneck fue importante en la victoria a Trump, por lo consistente y masivo de su voto.

Un vistazo al mapa de resultados muestra cómo el apoyo a Clinton se ha concentrado en torno a las grandes áreas urbanas del país, mientras que el vasto territorio entre ambas costas ha quedado en una amplia mayoría pintado del rojo republicano.


Además, de acuerdo con el sondeo de Reuters/Ipsos a la salida de los colegios electorales, Trump ha logrado una enorme ventaja sobre su rival entre los blancos sin título universitario, de 31 puntos entre los hombres y de 27 entre las mujeres.


El voto de los evangélicos ha sido igualmente decisivo. Un 81% de los electores de este importante grupo cristiano han apoyado a Trump, frente a un 16% que ha respaldado a Clinton, según la misma encuesta a boca de urna, la mayor diferencia al menos desde la victoria de George W. Bush frente a John Kerry en 2004.


El vídeo publicado a pocas semanas de las elecciones en el que Trump aparecía jactándose de hacer con las mujeres lo que se le antojaba, parecía haber sembrado cierta división en la comunidad evangélica, pero finalmente no ocurrió, los evangélicos masivamente votaron a Trump.


Tampoco el rechazo de las mujeres que se pudieron haber sentido ofendidas pegó en el voto Redneck femenino. Hillary Clinton solo ganó por dos puntos de ventaja sobre Trump en el voto femenino, mientras que Obama había le había sacado siete de ventaja a Mitt Romney en 2012.


La victoria de Hillary entre los hispanos, negros y asiáticos, no le alcanzó para dar vuelta la categórica ventaja de Trump entre los Rednecks.


Clinton le sacó una ventaja de seis puntos a Trump en las áreas urbanas, mientras que el candidato republicano le sacó 27 puntos de ventaja a Hillary en las zonas rurales.

En las grandes ciudades que se extienden desde Boston a Washington D. C.; las principales ciudades de la región de los Grandes Lagos, como Chicago, Detroit, Cleveland o Milwaukee; Miami y el resto del sur de Florida; las principales poblaciones de la costa oeste, desde San Diego a Seattle, pasando por Los Ángeles, San Francisco y Portland, o incluso las texanas Dallas y Houston, ganó Clinton cómoda.

En cambio, fuera de ese universo urbano, en la mayor parte de la América profunda, desde los Apalaches a los bosques de Oregón, pasando por el Medio Oeste y las Grandes Llanuras, arrasó Trump.

En Argentina tenemos a nuestros Rednecks, y entre los cuáles los jóvenes son amplia mayoría, porque son esencialmente una población joven.

Son los gringos de clase media media/baja de las periferias, algunos viven cerca de las ciudades, otros en el campo.

El sudeste de la provincia de Córdoba, el norte de la provincia de Santa Fé, contienen una gran cantidad de Rednecks versión local.

El redneck argentino, es de origen europeo, español, italiano, alemán, ucraniano, alemán del volga, ruso, ucraniano, polaco, búlgaro, rumano. Católico, muy, o por lo menos con tradición y apego.
El redneck local convive con los gringos con dinero, que a los efectos de esta segmentación llamaremos "gringos abc1".

Los gringos ABC1 tienen vehiculos caros, muchos, casas enormes pero no ostentosas. Viajan mucho, EE.UU. y Europa, compran ahí ropa, electrónicos, incorporan tendencias, hábitos, cultura, se sienten muy cómodos en Miami, pero también en NY  y en Madrid.
Uno los ve y parecen salidos de Barrio Norte/Belgrano/Vicente López. El cable de los 90, la Web 1.0, 2.0, 3.0 y 4.0 junto con Netflix ( todos tienen Netflix) los homogenizan con los porteños media alta.
Son empresarios, rentistas, industriales del sector metal mecánico, y han acumulado con el sojazo considerables capitales.

Los Red Necks viven y conviven con los Gringos ABC1, los admiran, aspiran a ser como ellos. trabajan con ellos, dependen de ellos, escuchan sus relatos de viajes, ven lo comprado, los modelan.

El RedNeck  es narrado en materia de análisis de la realidad política, por el Gringo ABC1. Si el gringo dice que la política gubernamental está alineada con los intereses del campo, lo está. Si un gobierno es bien visto por los Gringos ABC1, esa visión y de manera acrítica es incorporada y validada.

El patronazgo se extiende a lo político aunque los intereses no sean los mismos. El RedNeck quiere ser Gringo abc1, por lo tanto sus angustias, miedos y alegrias son asumidos como propios sin tamiz ni análisis.
El RedNeck argentino, no necesariamente trabaja en el campo. Puede ser empleado de un comercio, de un banco, ordenanza, remisero, empleado municipal o profesional.

No tienen ingresos altos, siempre dependen, y de quien dependen? Obviamente del Gringo ABC1.
No viajan mucho. Si viven por ejemplo en Luque provicia de Córdoba, Vaqueros Provincia de Salta o Trenque Lauquen Provincia de Buenos Aires, dificilmente vayan más de una o dos veces en su vida a Buenos Aires. Aunque debido al ecosistema mediático argentino, se levantan, desayunan, almuerzan y cenan con la imagen del obelisco, los cortes de calle de la capital, la temperatura y demás información de CABA.
Muchos de ellos nunca han estado en Buenos Aires. La imaginan, la mitifican, aspiran, pero se sienten seguros y cómodos en el pago  chico.
Valoran y aman el pago, demandan y celebran la infraestructura más que por la dimensión funcional, por la dimensión emocional de sentir que el pago, osea ellos hace un upgrade, como por la dimensión expresiva, lo que el estado de la ciudad dice de ellos. Valoran mucho la opinión de la otredad sobre su habitat.
Cualquier obra de estas características establece un vínculo emocional duro entre las marcas políticas y sus votantes RedNecks.

Hay ciudades con Rednecks adaptados a la urbe, como Santa Rosa La Pampa, una ciudad con el arquetipo del Redneck argentino.

Como dijimos el Redneck argentino es mayormente joven, se casa joven, es católico practicante, o por lo menos observante, es prolijo en su vestimenta, coqueto, emula a la capital pero se diferencia y desmarca desde la conservación de las tradiciones. Es familiero, individualista pero generoso. La dimensión colectiva la vive en lo religioso, lo nacional y lo local. El asado es el acontecimiento sociocultural central en la vida gregaria de los jóvenes rednecks argentinos.

Son jóvenes que mayormente tienen secundaria completa o incompleta. Los universitarios del interior rural ya entrarían en otra categoría de segmentación.

Las prácticas sociales tienen que ver con “te invito a comer un asado” , no leen mucho, no concurren a centros culturales, cines o teatros.

La cultura rural está presente y marca fuerte. Son tradicionalistas, padres jóvenes y de muchos hijos, se levantan temprano y tienen instalada la cultura del trabajo.

No revelan compromiso político, por lo general rechazan la política, la ejercen sólo en términos corporativos para defender intereses sectoriales, vinculados al campo o a alguna cadena de valor.

Admiran y rechazan con igual intensidad la cultura urbana, siente que se pierden algo pero a la vez que no quieren estar ahí, idealizando su posición.

Cultivan mitos necesarios, no son muy fexibles con la otredad, ya sea religiosa, nacional, sexual, cultural etc.

No consumen mucho, lo necesario, son austeros.

Los jóvenes rednecks argentinos votan con la tradición en una mano y con el freno a los cambios disruptivos en la otra. Cuidan lo corporativo, las tradiciones familiares y religiosas, y desconfían de la urbanidad y sus formas.


El joven redneck argentino espera que los cambios propuestos no sean disruptivos, respeten las tradiciones, los valores y las formas del interior. Buscan una reivindicación que de vuelta la postergación y ninguneo sufridos. Si se los interpela desde lo nacional, lo tradicional, se predisponen de manera más flexible a los cambios.

No se puede contradecir el menu emocional ni la agenda de demandas del gringo ABC1, porque sería ir contra su propia agenda. No funciona eso de Ellos son la Rural y uds la Federación Agraria. No funcionó con De Angeli, en el 2008, y no funciona ahora.


La promesa de la marca política para los jóvenes redneck argentinos debe incluir la posibilidad de permanecer y lograr el bienestar en el hábitat propio, sin tener que pensar en emigrar, debe contener la resignificación y valoración de lo propio con un mensaje simétrico auténtico, que reconozca la alteridad, la visibilice y la incorpore al discurso.


Rubén Weinsteiner

martes, julio 24, 2018

La educación sentimental en tiempos de Netflix


Por Lucas Bucci

Ilustración Silvio Daniel Kiko

Así como la televisión en los 80, la revolución tech en los 90 e internet en los 2000, las series formatean nuestra educación sentimental: generan nuevos modos de amor romántico, resignifican la muerte, las maneras de pensar. La tecnología del streaming nos facilita contenidos personalizados vía algoritmos las 24 horas del día y en múltiples dispositivos. En este ensayo, el Doctor en Filosofía y guionista Lucas Bucci repasa las ficciones de hoy y la revolución Netflix.


El poder de la ficción



A fines del siglo dieciocho en Alemania, un joven con frac y chaleco nuevos se acomodó su cola del pelo, puso un libro en una mesa con una página indicada, abrió la puerta de su casa, y cuando captó la atención del público, se pegó un tiro en el ojo derecho. El libro era Las penas del joven Werther de Goethe y el episodio relatado forma parte de uno de los tantos suicidios que el libro motivó en Alemania, Francia, Inglaterra y otros países de Europa.



Esta historia es solo una de las muestras del poder que tiene la narrativa ficcional. Hace algunos años, la filosofía del lenguaje sajona era ciega a la importancia de este tipo de discurso. Pensaban que estaba construido con oraciones sin valor cognitivo y que su función era puramente estética. Un poeta era alguien con habilidad para poner palabras de tal forma que fueran bellas y atractivas. Resulta extraño que tales filósofos pasaran por alto la desconfianza de Platón hacia los artistas a quiénes marginaba de su República por su capacidad de influir en la conducta de los ciudadanos apelando a sus emociones en vez de a su razón.



Las ficciones no sólo nos enseñan de moral –recuérdese a Pinocho- sino que también nos conectan con nuestras emociones, nos dicen cómo sentirnos y actuar ante ciertas situaciones. Al dirigir nuestra imaginación, la ficción nos pone a suponer escenarios que nos fascinan y emocionan. Alguien que nunca presenció una autopsia de asesinato ya tiene alguna idea de cómo se sentiría ante una situación real similar porque ha visto varias escenas ficcionales de autopsias y ya ha experimentado las emociones de horror, asco y cualquier cosa que ello le produzca. Por supuesto, presenciar una autopsia real no es lo mismo que presenciar su escena ficcional, pero, como sostiene el filósofo Noel Carroll es aquí donde reside su atractivo: las ficciones permiten experimentar las emociones que nos produciría una situación sin tener que experimentar sus consecuencias. Es una forma de conocer algo sobre una situación y sobre nosotros, sin la necesidad de estar ahí.





Esta especie de educación sentimental puede ser más importante ahora que las ficciones audiovisuales son extremadamente ubicuas. Su omnipresencia ha sido facilitada por una nueva tecnología, el streaming digital, que permite distribuir contenido de una forma nueva y personalizada. Así como la radio y televisión generaron una revolución en los discursos de ficción, ahora se sostiene que el streaming encarna una nueva revolución para la ficción y, en consecuencia, una nueva revolución para nuestra educación sentimental.



Netflix, una revolución limitada



Es normal leer en artículos de análisis que Netflix es un cambio radical de la forma en que consumimos ficción. Esto, sostienen los analistas, ha producido un cambio en las ficciones en sí: estamos en “La época dorada de las series”. Los Soprano, Breaking Bad y Game of Thrones son algunos de los nuevos clásicos y no sólo son extremadamente populares, sino que han desafiado la tradicional predilección de los críticos por la pantalla grande del cine. Estas ficciones han sido posibles gracias a un cambio en la forma de consumo, que se inició con el TiVo y los DVD’s pero que luego continuó con el streaming digital. Aunque, hay que decirlo, el cambio en la forma de consumo de la ficción audiovisual no se inició con el streaming. Todos los clásicos mencionados son previos al reinado del streaming que, no obstante, tiene los propios: Stranger Things, 13 Reasons Why, The Handmaid’s Tale. La narrativa serie permitió a los autores contar una historia larga y en partes porque el espectador verá los capítulos en orden y sin salteos.



Sin embargo, esta revolución es limitada. Si entendemos este aporte como algo radicalmente nuevo para el discurso ficcional entonces la revolución no es tal. La idea de que uno puede elegir la ficción y consumirla cuándo y cómo quiera es una ventaja, pero sólo sobre las ficciones del broadcasting (la radio y la televisión). Antes del advenimiento de los medios rey del siglo XX, el público era capaz de elegir sus ficciones, de pausarlas y de experimentarlas cuando quisiera. La primera gran popularización de la ficción en serie fue a través del folletín, un suplemento de diarios que, entre otras cosas, traía una historia en pedazos: igual que cualquier serie de streaming que consumimos hoy en día. El género del folletín también tuvo sus clásicos: Madame Bovary de Flaubert, The Posthumous Papers of the Pickwick Club de Dickens, Les trois mousquetaires de Dumas, A study in Scarlet de Conan Doyle; todas obras que fueron pensadas para ser distribuidas en capítulos. Este fenómeno es tan similar a las series de actuales del streaming que pueden rastrearse las mismas características salientes: la gran longitud, los personajes profundos y complejos, las ocasionales tramas estrambóticas, los giros inesperados o ganchos y el consecuente fanatismo por saber cómo sigue la historia. En realidad, el spoiler nació en el siglo XVIII.



Existe, no obstante, un aspecto nuevo de la era del streaming que podría ser revolucionario y quizás negativo. Ahora las plataformas tienen la posibilidad de recopilar una cantidad monstruosa de datos, el big data. Netflix colecta información del consumo de sus usuarios, qué tipo de series ven, dónde las pausan, qué tiempo les dedican, en qué momentos abandonan y un largo etcétera. Un algoritmo se encarga de procesar esta información y producir “recomendaciones”. Si el programa funciona bien, el usuario no necesita buscar entre un catálogo oceánico para ver cosas relevantes y la empresa lo fideliza. Los algoritmos levantan suspicacias porque se especula que tal información podría utilizarse para decodificar los intereses de los usuarios y producir una ficción diseñada en base a ellos. Existe el rumor de que la criticada inclusión de la voz en off de Edha -la primera serie argentina de Netflix- estuvo basada en la información de que en Latinoamérica las series con voz en off funcionan mejor. Si esto es cierto, argumentan los críticos, entonces la información que recopila un algoritmo puede terminar arruinando la integridad de las obras de ficción.





Es una nueva batalla en la antigua guerra entre los inversores de una obra que quieren un retorno y los artistas que buscan que esa obra se haga acorde a su visión. La diferencia es que dada la mayor precisión en la información podría producirse un envalentonamiento por parte de los inversionistas que resulte en una imposición absoluta en desmedro de los deseos del artista. Si aún no está claro que esta información recopilada sea útil para producir recomendaciones, menos lo está para afirmar que es relevante para producir contenido. La ficción narrativa es un discurso estructurado con contenidos complejos y extremadamente sutiles, resulta difícil pensar que un conjunto de estadísticas de visionado sea suficiente para producir algo con valor para la audiencia y los inversionistas en ficción no deberían pasar esto por alto. Es importante recordar que la producción de historias obedece no sólo al entretenimiento de la audiencia sino también a la necesidad de expresión del artista y, aquí, los algoritmos no tienen mucho para decir. Son los artistas aquellos que necesitan contar cómo ven el mundo y como creen que debería ser. Los inversionistas, por su parte, tienen en sus manos la posibilidad y responsabilidad de facilitar o entorpecer la concreción de este mensaje. Así puesto, no parece que el algoritmo introduzca nada nuevo a la ya conflictiva relación entre inversionista y artista.



No es que la era del streaming no tenga un discurso ficcional característico, lo tiene, pero su particularidad no está signada por un cambio tecnológico particular sino, más comúnmente, por la época en la que viven los artistas que se expresan a través suyo.



Los mensajes del streaming



Si bien las ficciones tienen la capacidad de educarnos y moldearnos, este poder tiene límites. Cabe preguntarse si aquellos que se suicidaban tras haber leído la novela de Goethe eran jóvenes impresionables por un discurso de ficción -como los niños del flautista de Hamelin- o si, más bien, el autor expresaba algo latente en la sociedad en la que vivía. Lo más sensato es pensar que esta dicotomía no es tal y que los discursos ficcionales relevantes persuaden al público, al mismo tiempo que interpretan sus preocupaciones.



13 Reasons Why parece la ficción más relevante de la época del streaming, por haber capturado y conmovido los sentimientos de una generación. No es casual que su impacto haya trascendido los ámbitos usuales en donde se discuten estas series. Algunos colegios secundarios recomendaban a los padres que los alumnos no vieran la serie, en el diario se escribía en su favor por ser un disparador de temas e incluso, la sociedad de psicología clínica de chicos y adolescentes –un organismo que forma parte de la Asociación Americana de Psicología- sacó un comunicado donde pedía a Netflix que facilite a sus espectadores los recursos necesarios para lidiar con las situaciones allí retratadas. Esto prueba lo que se decía más arriba, nadie en la sociedad pasa por alto el poder educativo que tiene la ficción.





La serie no sólo es interesante de analizar porque se mete con temas como la violencia de género, el bullying y el suicidio juvenil sino también por el mensaje que transmite al respecto. Un mensaje distinto al que transmite, por ejemplo, The Breakfast Club, una ficción que en los 80’s que tocó los mismos temas. En 13 Reasons, la protagonista se suicida cortándose las venas, luego de una serie de hechos que culminan con su espantosa violación. En la historia, este suicidio es tan inevitable que el relato comienza con el hecho consumado, de modo que no es posible de entrada que los protagonistas puedan accionar para detenerlo. En cambio, la víctima graba 13 narraciones en casete para enrostrarle su falta a aquellos ella considera culpables. Es gracias a este dispositivo que ver la serie instala en los espectadores un sentimiento de fatalidad y culpa del que es difícil sacudirse. Sorpresivamente, el capítulo final de la serie -el climático- no está reservado para el violador de la víctima sino para el consejero escolar que no supo ver el problema. Así, por un lado, se denuncia la fuerte desconexión que existe entre el mundo juvenil y el adulto y, por el otro, les exige a estos adultos que hagan algo y se involucren. Este mensaje es distinto al que transmite Breakfast Club. En ella, algunos alumnos muy dispares entre sí están obligados a pasar un día de castigo juntos. Como resultado, se develan los distintos tipos de acoso a los que se han visto sometidos en su secundaria. La desconexión con el mundo adulto también está tematizada pero la salida aquí es una gran bronca y la posterior unión entre ellos contra la adultez que no los entiende. 13 Reasons parece decir “No nos entienden, toda esto es su culpa, hagan algo” mientras que Breakfast sostiene “No nos entienden, váyanse a cagar, nos arreglamos solos”. El segundo mensaje, dirigido a la (verdadera) generación del casete, está claramente enmarcado en un ambiente donde la rebeldía está bien vista, donde el rock todavía reina.



Es difícil determinar en qué medida el primer mensaje captura lo que siente la generación del streaming. Si alguien quisiera investigarlo, analizar los discursos de ficción a través de los cuales esta generación se da sentido a sí misma sería un buen comienzo. El hecho de que 13 Reasons haya sido tan exitosa puede darnos una pauta, aunque no conclusiva. Es difícil determinar qué es lo que interpretan los espectadores de una ficción. Su mensaje es tan rico que suele exceder las intenciones del autor. Además, nunca produce una interpretación única y homogénea. Esta es la razón por la que la ficción es tan valiosa, porque habla de nosotros de tantas maneras que se nos escapan. Visto de esta manera, no existen motivos para pensar que los relatos de ficción en tiempos de streaming hayan cambiado. Pero, en este caso, eso es algo bueno.

domingo, julio 22, 2018

AXA, primera empresa que reconoce el derecho a apagar el móvil fuera del trabajo



La compañía reconoce el derecho a la desconexión y el teletrabajo en un convenio vigente hasta 2020

AXA se ha convertido en la primera empresa en España que reconoce el derecho a desconectar el móvil fuera del horario de trabajo en su convenio colectivo. La aseguradora y CC OO, sindicato mayoritario entre los trabajadores del grupo, han acordado esta semana en su nuevo marco laboral el derecho a la desconexión. Esto es, permiten que los empleados no tengan que responder a los correos electrónicos o mensajes profesionales fuera del horario de trabajo. Un pacto alcanzado tras admitir la necesidad de romper con la conectividad permanente.


Un trabajador revisa los mensajes en su teléfono móvil. GETTY


El nuevo convenio colectivo acordado en AXA es pionero en España. Se trata del primer acuerdo en una gran empresa en España en el que se reconoce el derecho a apagar el móvil fuera de la jornada laboral. “Salvo causa de fuerza mayor o circunstancias excepcionales, AXA reconoce el derecho de los trabajadores a no responder fuera del trabajo”, recoge el convenio que estará vigente hasta 2020. La directora de Recursos Humanos de la compañía, Carmen Polo, aseguró este jueves en un comunicado que la intención es crear el mejor entorno laboral posible. “Hemos dado un paso más hacia adelante y hemos mejorado un convenio para hacerlo más innovador”, dijo Polo.

Francia fue la pionera en este cambio laboral. Desde el 1 de enero de este año, todas las empresas de más de 50 trabajadores deben fijar horarios de conexión al móvil e Internet, acordados con la plantilla. De hecho, AXA tiene su matriz en el país galo, por lo que ya se acogía a esta regulación desde inicios de año. En Alemania fue la empresa Volkswagen la pionera al implantar un bloqueo de acceso al correo del móvil entre las 18.15 y las siete de la mañana.



En España hubo un intento de legislar al respecto, pero todavía no ha resultado en una ley. El PSOE registró el 27 de marzo una proposición no de ley sobre los derechos digitales de los ciudadanos en la que apoya la desconexión digital fuera del horario laboral. Una propuesta que se realizó el mismo día que se conoció que el Gobierno estudiaba reconocer este derecho. En el territorio nacional sí hay casos similares. Por ejemplo, hay 100 Ayuntamientos catalanes que se han adherido a una reforma que pretende “humanizar” los horarios. Esto implica no convocar reuniones después de las cuatro de la tarde y no enviar e-mails a partir de las seis de la tarde.

Otra de las novedades del nuevo acuerdo entre la aseguradora y sus empleados es el reconocimiento del teletrabajo. En este caso, AXA asegura que facilitará una mejor conciliación de la vida laboral y personal y garantizará la igualdad entre estos empleados y los trabajadores que estén en las instalaciones de la compañía.
12 días más por paternidad

El acuerdo recoge la voluntariedad, tanto de empresas como de trabajadores, para acogerse a la opción del teletrabajo, así como la reversibilidad de la decisión. El convenio también incluye el criterio de adecuación a la función, para que pueda ser realizada desde casa, y el criterio de idoneidad, que implica el cumplimiento por parte de los trabajadores de los requisitos necesarios para el teletrabajo. El ofrecimiento para que el empleado realice sus funciones desde fuera de la empresa corresponderá a AXA, que determinará la frecuencia de esta actividad y los días en que se realizará.

Asimismo, el convenio colectivo crea nuevos permisos y mejora otros ya existentes. En caso de paternidad, por ejemplo, los trabajadores tendrán derecho a 12 días de baja adicionales a los ya reconocidos por el Estatuto de los Trabajadores.

El acuerdo también incluye una nueva norma, de carácter voluntario y reversible, que afecta a la retribución flexible. Esta permitirá a los empleados sustituir parte de su salario por retribuciones en especie.

Las empresas empiezan a regular el derecho a la desconexión digital en los convenios colectivos

Nahiara S. Alonso




Madrid


Playa, sol, arena y unos cuantos correos y llamadas del trabajo para responder. Esta es la pinta que tienen las vacaciones de verano de algunos empleados que no pueden ejercer su derecho a la desconexión laboral en un entorno en el que las nuevas tecnologías nos tienen localizados en todo momento. La preocupación de las empresas por el derecho a la desconexión en España comenzó el año pasado cuando la aseguradora francesa AXA se convirtió en la primera en regularlo, siguiendo las tendencias del país galo. Este año se han sumado el Banco Santander e Ikea al introducirlo en sus convenios colectivos. Pese a que los sindicatos lo ven como un paso positivo y necesario, aseguran que todavía queda mucho por hacer con un fenómeno que puede afectar a la salud de los trabajadores.


Una persona utiliza su ordenador en la playa de la Barceloneta. JUAN BARBOSA


En España aún no existe un marco legal específico que regule el derecho a la desconexión fuera del horario laboral, pero hay una directiva europea y jurisprudencia que lo amparan. El 17 de julio de 1997 la Audiencia Nacional determinó que es ilegal que una compañía obligue a sus trabajadores a tener conectado el teléfono móvil para poder ser localizado, ya que "con ello se sobrepasan las facultades normales y regulares de la empresa en los términos del artículo 20 del Estatuto de los Trabajadores". Así, se desprende que no se trata de un problema nuevo, aunque con los avances de las nuevas tecnologías se han difuminado más los límites de la vida personal y la laboral.



Sin embargo, hay empresas que este año han decidido regularlo dentro de sus convenios colectivos. Es el caso del Santander e Ikea. El banco recientemente ha introducido este derecho tras la compra del Popular: "Santander reconoce el derecho de sus empleados a no responder a correos electrónicos o mensajes profesionales fuera de su horario de trabajo, ni durante los tiempos de descanso, permisos, licencias o vacaciones, salvo causa de fuerza mayor o circunstancias excepcionales", explica el convenio. Los sindicatos creen que es necesario especificar y delimitar lo que suponen "causas de fuerza mayor o circunstancias excepcionales". "Lo que el jefe considera como excepciones tal vez no es lo mismo que el trabajador, y los superiores se pueden aprovechar de esto", asegura la secretaria de salud laboral de UGT, Ana García de la Torre.

En el caso de Ikea, aunque no lo especifican tampoco en su documento, aseguran que no se puede utilizar la causa de fuerza mayor para, por ejemplo, llamar a un empleado para comentarle su horario de trabajo. "No vale para cualquier cosa porque si no nos estaríamos engañando. Nosotros queríamos poner la desconexión laboral encima de la mesa, pero vamos a ver qué evolución tiene y a acotarlo mejor", asegura Rafael Giraldo, gerente de Relaciones Laborales de Ikea, que comenta que en la empresa no tienen constancia de que se diera mucho el fenómeno de trabajadores que son contactados fuera de su horario laboral.

Francia fue la pionera en este cambio laboral. Desde el 1 de enero de 2017, todas las compañías de más de 50 trabajadores deben fijar horarios de conexión al móvil e Internet, acordados con la plantilla. No obstante, el tejido empresarial español está formado principalmente por pequeñas y medianas empresas (Pymes) que no cuentan con negociación colectiva.

Es por ello por lo que los sindicatos proponen además la introducción de este derecho en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y en el Estatuto de los Trabajadores, que regula la ordenación del tiempo de trabajo, para que sea un derecho más en materia de salud laboral y se garantice su cumplimiento. En la oposición, el PSOE llevó al Congreso proposiciones no de ley en las que se pedía al Ejecutivo abordar la regulación de la desconexión digital fuera del trabajo. Con el cambio de gobierno los sindicatos tienen "expectativas", aunque ya se reunieron con la anterior ministra de Empleo, Fátima Báñez, cuando gobernaba el PP, pero no se llegó a un acuerdo.

Jordi Vilá, director del Máster Desarrollo Directivo, Inteligencia Emocional y Coaching de EAE Business School, asegura que la regulación en este tema debería ser innecesaria. "Todas las partes deberían tener el sentido común suficiente para gestionarlo sin necesidad de una reglamentación. Unos deberían entender que hay un coto de producción que tiene que ser atendido, y los otros saber que no es normal que un empleado reciba mensajes a deshoras por motivos que podrían esperar perfectamente", sentencia. Pese a que sectores como la consultoría, las ciencias de la salud y los despachos profesionales son los que se asocian más a no tener derecho a la desconexión laboral, Vilá asegura que no es un problema de rama profesional sino de las empresas. "Va más a una serie de compañías que quizás tienen una cerrazón mental al asunto", explica.
Efectos nocivos para la salud

"A los trabajadores la ansiedad de saber que en cualquier momento de su vida personal pueden tener que contestar a una llamada o a un correo supone incluso desde el punto de vista de la salud, una presión que no es aceptable", explica Ana Oller, secretaria de acción sindical de CC OO. En 2017 los accidentes laborales con baja por sobreesfuerzo físico o mental en el trabajo —es decir, el esfuerzo que supera los límites que permiten a un empleado volver al día siguiente en las mismas condiciones— afectaron a 191.397 trabajadores, según las cifras provisionales del Ministerio de Trabajo. Estos datos representaron el 38% del total de los accidentes laborales y es la principal causa en España de baja laboral.

García de la Torre también defiende que hay que respetar los horarios el descanso porque la conectividad permanente "genera riesgos psicosociales, estrés, ansiedad y patologías como tecnoestrés que aparecen por las nuevas tecnologías". "Tenemos el problema de que lo que no se ve, no se previene. Si la empresa no quiere ser consciente de que sus trabajadores se encuentran mal porque están estresados o conectados permanentemente no va a adoptar medidas preventivas. Hay que artender los riesgos psicosociales porque van a ser y son ya la pandemia de este siglo", asegura. Es por ello por lo que concluye que se necesitan "prevenciones y más inspecciones de trabajo".

Trabajadores más productivos


La Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) critica que los españoles han convertido el trabajo en el núcleo central de sus vidas, lo que ha ido absorbiendo los espacios dedicados a tareas como el descanso o el ocio. "Si eso supusiera un elemento de productividad y competitividad en las empresas, se entendería mejor, pero no es así. Las personas no somos máquinas y tenemos picos de rentabilidad que solo podemos conseguir si estamos descansados y desconectamos", explica José Luis Casero, presidente de ARHOE. Para ellos no es una cuestión de hacer más horas que los demás o trabajar fuera del horario laboral, sino de "ser bueno en su empleo y no perder el tiempo durante las horas de trabajo".

España se encuentra a la cola de Europa en formación y productividad de sus trabajadores, según el último estudio del Foro Económico Mundial sobre desarrollo de capital humano. En Europa, solo Grecia, Moldavia y Serbia están peor. Ocupa el puesto 44 de los 130 países analizados en aprovechamiento y desarrollo del capital humano, muy por debajo de lo que le correspondería por su PIB. El experto Jordi Vilá asegura que si una persona desconecta su productividad mejora. "Cuando conseguimos que la gente esté a gusto en su puesto de trabajo, vemos que las cosas funcionan de un modo totalmente distinto. La productividad aumenta, la propia exigencia aumenta y por tanto la cuenta de resultados también aumenta", defiende.

Desde Ikea aseguran que cuando el empleado está más descansado y puede desconectar fuera de su horario laboral, es más productivo. "Si la desconexión afecta a la productividad en todo caso es un aumento de la misma porque los empleados están más motivado y más contentos" comenta, aunque especifica que en octubre van a realizar un control para ver cómo funciona la medida.

miércoles, julio 18, 2018

El segmento #Hipster en el #VotoJoven






Rubén Weinsteiner



La cultura urbana hipster está encarnada por jóvenes entre 16 y 35 años aproximadamente, que exteriorizan un pensamiento independiente, valorizando el arte más allá del mainstream, corriéndose de las modas del momento, vistiendo y escuchando música no comercial, distanciándose de los últimos dictados de la tecnología, oponiéndose al consumo desmedido, y priorizando comprar local y amigable con el medio ambiente.



Los Hipsters manifiestan hacia adentro y hacia fuera de la tribu, heterogeneidades intensas. Si bien tribalmente se cohesionan a través de valores, simbologías y ritualidades, la ponderación del pensamiento independiente potencia las diferencias entre sus miembros y las legitima.



Se suele ligar esta cultura urbana en términos de su origen, con los indies e incluso con los hippies. Su origen real data de mediados del siglo veinte, aunque desapareció en los 70 y volvió a surgir fuerte hacia el 2010 en grandes ciudades de los países centrales entre personas de clase media.

Existen diferentes subculturas derivadas de los hipsters.


El término Hipster está hoy claramente sobredeterminado. Llamamos Hipster a diferentes personas que despliegan una estética concreta y determinada. Esa sobredeterminación está influida por el negocio de la moda que necesita tipifcar y simplificar determinadas exterioridades y formatos para vender productos para el segmento.





Se visten sin patrones específicos, con un estilo personal, bohemio, alejado de la moda del momento y en muchos casos atemporal. Suelen reutilizar ropa y anteojos, con estética vintage.



Les gusta la música indie, indie-rock y jazz, aunque también simpatizan con otros estilos y escuchan bandas poco conocidas. Respecto al cine, prefieren cine Europeo o de EE.UU pero independiente.

Algunos de los cineastas favoritos de los hipsters son Quentin Tarantino, Richard Linklater, Vincent Gallo, Sofia Coppola y muy especialmente Spike Jonze y Wes Anderson,a quienes se les considera también propiamente hipsters. Los hipsters tiene a 3 actores en particular como íconos: Christina Ricci, Bill Murray y Tora Birch, que aunque no necesariamente llevan estilos de vida hipster, muchos de sus personajes son muy representativos de la imagen y actitud hipster.



Les gusta mucho la fotografía, lo vintage, la cocina rara y original, son viajeros low cost y consumen mucha cultura.



La cultura hipster es básicamente progresista y valoran sobre todo el pensamiento independiente. Si bien usan celulares viejos y computadoras old fashion, tienen mucha actividad en las redes sociales.



Es una tribu esencialmente inserta en los sectores medios y medios altos. Su reason why en términos de ciudadanía económica es tener una estilo de vida, despojado, bohemio, austero, donde el tiempo como recurso económico no renovable, se encuentra en el tope de la escala valorativa. Y la ideas es ganar dinero para pagar los gastos, pero sin comprometer el tiempo para el ocio, como leer, ver películas poco comerciales, diseñar, visitar galerías y entarse a charlar en cafeterías, (el café es central en el universo hipster) componer música, escribir novelas o poesía,etc...



El hípster se plantea liberarse de la dictadura del consumo, que, según la cultura, convierte a las personas en conejos que persiguen zanahorias que nunca alcanzan y que le quitan lo verdaderamente importante, el comando de su tiempo, de sus decisiones y de su realidad.



Los hipster trabajan y muchos ganan bien, pero lo hacen sin horarios duros y en ámbitos desestructurados. Parecen relajados pero revelan compromiso con su inserción social, laboral y ciudadana en general.

No desconocen el mainstrem, se ponen al costado, lo critican con sarcasmo e ironía, pero lo aceptan.



No miran TV de aire ni de cable, son más pull casting que broadcasting, eligen su propia programación.



Los hípster no se radicalizan en nada, ni en su visión constitutiva tribal ni en sus posiciones políticas. No son afectos a la masividad, por eso por lo general no votan mayorías, y si lo hicieran deberían encontrar significados en la marca política que no sean tenidos en cuenta por las masas.

Tienen una esencia anarquista y hasta liberal en términos de no aceptar la homogeneidad y lo colectivo coercitivo. Rechazan el partidismo pero no son “cualunquistas”, no son partidarios de la antipolítica.

Suelen ser ONGistas, y desde allí algunos voan expresiones de centro derecha generalmente vinculadas a las ONG.



Su activismo se traduce en la creación de fanzines, comics, la organización de eventos culturales alternativos y la participación activa en la Web 4.0



Los hípsters se situan incómodamente entre dos grupos que los acechan, por un lado los intelctuales que los critican por frívolos y no comprometidos y por el otro los Yuppies que imitan su exterioridad, dejándose una barba hípster, usando lentes vintage o ropa de feria americana.





En música, lo hipster se nutre de intérpretes y bandas alternativas e Indy como Beck, Ben Folds, They Might Be Giants, Elliott Smith, Los Pixies, Sigur Ros, Pulp, Radiohead y Björk.



Política y hipsters



Existe cierto rasgo individualista en la cultura hipster. Sin embargo la dimensión colectiva extra tribu emergió en hechos como el 15M en España, que tuvo su correlato en muchas ciudades, y tanto en Madrid como en los demás lugares donde tuvieron lugar los actos de los Indignados, los hipsters tuvieron un rol importante. Los hipsters salieron a decirle al establishment, que no podían pagar los alquileres, que los alimentos y el transporte subían más que sus ingresos, que el futuro tan lejano para ellos, les empezaba a preocupar.

Los hipsters organizaron y fueron continente de demandas heterogéneas, pero ligadas al deterioro en el nivel de consumo básico.



Los hipsters recelan de la política partidaria, la sienten lejana, pero no la invalidan. Los hipsters se sienten progresistas lo cual los podría llevar a votar un partido “progre de izquierda”, “progre de centro” o “progre de derecha”. Un hipster no sería ni trotskista ni muy derecha en lo económico, lo radical lo espanta.



El sujeto de elección joven hipster busca un piso de seguridad razonable, sin interpelación al compromiso emocional y menos militante. Es como si nos dijera: “asegurame a, b y c y no me rompas”.

Pero si buscamos una intervención reptiliana-emocional, tenemos que construir un discurso multicultural, con algún sesgo anarco-individual, con acento en la eficiencia austera, la simpleza, autenticidad y practicidad.



El voto hipster es interesante porque es individualista como el de Julían, contador 34 años casado sin hijos, que quiere mudarse, cambiarse el auto, viajar, pero sin el consumo aspiracional, sino más bien funcional. No quiere tener el mismo auto que el gerente, un A4 OK, le alcanza con uno de 10 años que funcione bien y que pueda pagar la nafta. Es social como el de Lisa 30 años, terminando sociología, que quiere un gobierno que tenga una política progresista proactiva, pero descree. Es sofisticado y hasta cosmopolita, pero no despreciativo de lo propio. Tiene el factor egocéntrico de Walter el taxista de 35, pero no juzga. No busca modelos pontificadores de lo que está bien y está mal.



En el 15M en la Puerta del Sol, en su correlato en París, en Londres, en New York, Roma y mucgas ciudades, los hipsters como parte importante de la masa crítica, planteaban que los que estaban ahí eran trabajadores, sectores medios, desocupados, etc y que constituían lo que ellos llamaban “la gente normal” y que aspiraban a representar al 99% de la población, mientras que el otro 1% era “los poderosos de siempre”.

En definitiva los hipsters no confían ni en el 1% del círculo rojo, ni en su capacidad para enfrentarlos. Por eso las demandas serán mínimas y las promesas políticas aceptadas como viables también lo serán. Toda amplificación desmedida, de la capacidad realizadora será descreída y deslegitimada por los hipsters. Cambios mínimos, viables y posibles.



Un discurso desprovisto de artificios e imposturas, austero, moderado, multicultural, off mainstream, ni emocionalmente comprometedor ni invasivo. Para el voto hipster la empatía es la identificación y el encuentro en una hoja de ruta minimalista, segura y práctica que organiza a favor de la marca política, atributos que se traducen en percepciones muy positivas para los votantes hipsters.
Rubén Weinsteiner



Rubén Weinsteiner

domingo, julio 15, 2018

Las demandas latentes de género en el #VotoJoven en tiempos del #MeToo






Por Rubén Weinsteiner

A las mujeres jóvenes no se las deja crecer hacia arriba y a los hombres jóvenes no se los deja crecer hacia adentro.

Cuando construimos una marca política y desarollamos una narrativa de identidad y personalidad, un discurso, un posicionamiento, una simbología y ritualidad marcaria, debemos investigar los deseos, necesidades, demandas y miedos, desda la superficialidad racional hasta la profundidad reptiliana, pasando por la fase intermedia emocional.

Votamos a alguien, simplemente porque nos gustan sus propuestas?

En ese caso las propuestas se convertirían en una commoditie que cualquier candidato podría tomarlas y utilizarlas.


Sistema de preferencias


Solo el 15% del sistema de preferencias se articula de manera racional, funcional, y analítica, con una estructura de secuencia lógica que se define en el cortex o corteza cerebral, que es la sede de la razón, la herramienta lógica que usamos para ver el mundo.

Es el que define menos, pero es el emisor, el que habla, por eso nos parece que define todo.

“Voto al candidato C, porque promete mejor transporte público, porque promete incentivar el empleo, porque es inteligente y culto” “voto al candidato porque C porque es honesto” “Es un gran economista”.

El listado de propuestas, los discursos y las consignas operan fuerte en el cortex, pero como dijimos solo determinan el 15% del proceso de decisión.


El 30% del sistema de preferencias se define en el sistema límbico o cerebro emocional, centro de la afectividad. Es aquí donde se procesan las emociones (penas, tristezas, angustias o alegrías).

“Voto al candidato A porque me emociona” “está comprometido con la tolerancia” “es sensible con los que menos tienen”, “es un genio” “es de los míos”. Los jingles, las canciones y los slogans operan fuerte aquí.

Aquí se ubica la empatía, “el es como yo”.

El sistema límbico o cerebro emocional, también llamado “cerebro medio”, está justo debajo de la corteza cerebral y comprende el tálamo, hipotálamo, el hipocampo y la amígdala cerebral .

Estos centros funcionan en todos los mamíferos, siendo el asiento de movimientos emocionales como el temor o la agresión. Y en el ser humano éstos son los centros de la emoción.

El sistema límbico es considerado también el centro de recompensa, por lo que se ve afectado en el caso de las adicciones. Ese centro de recompensas es el que se puede alinear con la ritualidad emotiva, con lo que emociona, hace llorar, reir enojarse, indignarse etc.

Camuflado detrás de los 2 sectores ya mencionados y responsable del 55% de la constitución del sistema de preferencias, se encuentra nuestra fase más primitiva, el cerebro reptil.


Reptiliano: paradigmas, miedos y arquetipos en el sistema de preferencias del voto joven

El 55% del sistema de preferencias del sujeto de elección joven , se juega en la parte más primitiva de nuestro cerebro, lo que llamamos reptiliano. La zona cerebral que se encarga de los instintos básicos de la supervivencia: guarida, comida, salud, deseo sexual, reproducción, seguridad, venganza, codificaciones amigo-enemigo, respuestas pelea-huye, el futuro, la muerte etc.

El Reptiliano es lo que le aseguraba a nuestros antepasados la supervivencia. Es que nos decía cuando podíamos quedarnos y cuando teníamos que huir, cuando podíamos relajarnos, y cuando teníamos que luchar, donde y cuando podíamos conseguir comida, guarida y pareja, como cuidar y defender a los hijos, y cuando debíamos abandonar un lugar para buscar otro.

La protección, la venganza, la seguridad, el poder, la supervivencia y los hijos, son ejes centrales en el metadiscurso reptiliano.

Gran parte del comportamiento humano se origina en esta zona, profundamente enterradas en el cerebro, son las mismas que en un tiempo dirigieron los actos vitales de nuestros antepasados.

El reptiliano busca, guarida, alimentación y educación y salud para la cría. El reptiliano se conmueve cuando el candidato lo toca, come y baila. Tocar, comer y bailar, tiene que ver con rituales tan primitivos como el reptiliano, son rituales atávicos, a través de los cuales el reptiliano decodifica, cercanía, “amigo” y no “enemigo”, y predispone al 45% restante compuesto por el cortex y el límbico, para recibir con buena predisposición los mensajes específicos.
Este cerebro primitivo de reptil se remonta a millones de años y aún dirige parte de nuestros mecanismos para cortejar, casarse, buscar hogar y seleccionar dirigentes.

En los segmentos jóvenes el reptiliano lleva a su máxima expresión el esquema binario. Por eso el joven ama o no ama, mucho más allá de la limitada y ‘civilizada’ empatía que pueden sentir los mayores.

Las definiciones reptilianas tienden a desplegarse entre dos opciones, entre la cuales, no elegimos siempre las más racional, sino la que prefiere nuestro cerebro reptil. Y no siempre es la obvia.

El cerebro reptil es un enorme yo. Sin él nos habríamos extinguido. El reptil no tiene compasión ni empatía. Sólo entiende los grandes contrastes: blanco o negro. No tiene tiempo de más. El reptil joven reduce opciones a lo binario para sobrevivir, aunque la realidad es más compleja y comprenderla a fondo requeriría una lógica difusa. Se trata de un sistema que posterga las abstracciones, va a lo tangible, y es profundamente emocional y visual.

Los clivajes se constituyen para interpelar directamente al reptiliano.

Una de las dimensiones más importantes para la construcción de una marca política poderosa en el voto joven, es la arquitectura de un discurso de poder sólido, en función de un clivaje eficaz.

El clivaje es la división traducida en competencia política, que construye las singularidades y particularidades de una marca política, permitiendo plantearle a los sujetos de elección, una competencia con las demás marcas políticas.

El clivaje permite presentar lo que uno es, reforzado por lo que uno no es, en un esquema binario, si-no, blanco-negro, un planteo fácil de asumir, del tipo “de que lado estás” a los electores.
Este esquema es claramente el que necesita para operar el reptiliano. El debate en términos reptilianos se organiza a través del esquema binario

Desde los históricos derecha-izquierda, conservadurismo-liberalismo en Estados Unidos o peronismo-antiperonismo, en la Argentina; o la UCR desarrollando un clivaje en torno a institucionalidad-clientelismo, Carrió acerca de transparencia-corrupción, Macri; ineficiencia-gerentismo eficiente, el kirchnerismo inclusión-exclusión (todos/as-pocos),: otros probaron consenso-enfrentamiento, mano dura-garantismo, modernidad primer mundística-atraso (lo viejo), privado-estatal, liberación o dependencia, etc.

Detrás de la alternativa, se propone un posicionamiento claramente reptiliano, que no admite un análisis puramente racional para definir de que lado se está.

El discurso para lograr colonizar subjetividades debe ubicarse en la intersección de los tres formatos, y debe contener mensajes racionales, mensajes emocionales, y fundamentalmente mensajes reptilianos.





A las mujeres jóvenes no se las deja crecer hacia arriba y a los hombres jóvenes no se los deja crecer hacia adentro.



El deseo de la joven de crecer, desarrollarse, no ser acosada, ganar lo mismo o más que un par hombre, está en todos los segmentos. En algunos emerge más a la superficie y en otros menos. Pero está en todos.



Los jóvenes varones tienen muchos “debería”, o “no debería”. A un varón le tienen que gustar los deportes, no debería ser gordo, ni muy flaco, ni muy petiso, ni usar ropa rosa, ni depilarse, ni llorar.

En definitiva, no tienen que tildarte de puto, y tenés mostrar que sos exitoso, que te ganás mujeres, que sos muy “macho”, que jugás bien al fútbol, que estás al tanto de las últimas noticias, tendencias, chimentos, que sos proveedor de dinero, que sos fuerte, que no arrugás, que sos sano, que sos vivo, que sos gracioso, que no sos tímido, que tenés un buen pasar, que tenés auto, que tenés un buen auto, que no te mostrás vulnerable lo que no equivale a ser invulnerable, pero si a esconder vulnerabilidades.



A la mayoría de los jóvenes le enseñaron como debe ser “un hombre de verdad”.



Con la explosión del “me too” se resignifica todo. Desde los femicidios, la violencia doméstica, hasta los piropos zarpados en la calle.

Pero es así. Vivíamos (vivíamos?) en la Sudáfrica del Aparheid en términos del lugar de la mujer.



El discurso de la marca política en el voto joven, debe hacerse cargo de esos dos tipos de demandas y sus subdemandas ponderadas y definidas por las especificidades de cada microsegemento.



Deseo de ellas



Las jóvenes desean crecer para arriba, quieren dejar de ser acosadas, desean profundamente un cambio cultural que haga que los hombres tengan en claro que no se puede andar por ahí tocando culos, extorsionando, diciendo cualquier cosa y acosando. Desean igualdad y respeto. Desean oportunidades que hoy no existen. La promesa de la marca política hacia ellas debe habilitar un nuevo escenario, disruptivo, diferente y que conteste contundentemente a la “Sudáfrica de las mujeres” del pasado.

Ellos

Desean poder despojarse de los debería y saber que serán aceptados.

Es pesado cargar con el peligro de ser todo lo que hay que ser y todo lo que no hay que ser ni parecer.

posibilidades, ese nuevo escenario con muchos más permisos y muchos menos prejuicios, deben constituirse en la promesa de la marca política hacia los jóvenes.

Las mujeres cambiaron en los últimos 50 años. De las amas de casa que miraban TV, cocinaban y cosían, a las mujeres, de hoy hay años luz de diferencia. A las mujeres se las educa diferente, a los varones igual que hace 50 años.

La represión en las mujeres tiene más que ver con el afuera, con los hombres más con el adentro.

La promesa de la marca en términos el deseo en materia de género hacia las jóvenes mujeres debe apuntar hacia la emocionalidad, que proponga una esperanza de movilidad de género ascendente, igualdad y derribamiento de prejucios en el caso de los jóvenes varones la interpelación es más reptiliana, anclada en la legitimación y aceptación de las heterogeneidades y debilidades.



Rubén Weinsteiner

El golazo de Putin: tremendo mundial, sin ultras y con estadios llenos


El presidente ruso celebra el éxito organizativo del campeonato y que hayan desaparecido “mitos y prejuicios” sobre su pueblo
Macron, presidente de Francia, Infantino, presidente de la FIFA, Putin, presidente de Rusia, y Kolinda Grabar-Kitarovic, presidenta de Croacia, antes de la final.


Hoscos, huraños, malhumorados y violentos: así se imaginaban muchos seguidores mundialistas a los rusos, pero durante el campeonato a los aficionados les esperaba una sorpresa. Se encontraron en su mayoría con gente alegre y abierta que se unió a la gran fiesta futbolística en todas las ciudades donde se celebraron los partidos.



Llegar a los cuartos fue un triunfo para Rusia, pero mucho más importante ha sido la positiva imagen que ha dado como organizadora de esta Copa del Mundo. No se vio a los tan temidos ultras que habían causado revuelos en las competiciones europeas de clubes, los estadios han registrado grandes entradas, la infraestructura y la logística han funcionado bien y los dirigentes se esforzaron por dejar de lado la política, lo que incluso se vio reflejado en la asistencia de Vladímir Putin, el presidente ruso, únicamente al partido de inauguración y a la final.

Dos eran las principales amenazas: la posibilidad de un atentado terrorista por partidarios del Estado Islámico —posible venganza por la intervención del Kremlin en Siria al lado de Bachar el Asad— y los temidos ultras. La cooperación entre los policías de los países participantes logró neutralizar a los hinchas violentos.

El ensayo general que significó para Rusia la Copa Confederaciones el año pasado sirvió para superar una serie de deficiencias y atender a las críticas que entonces se hicieron. Al público se le permitió entrar a los estadios tres horas antes del partido y la salida se organizó de forma que resultara más eficaz, sin la enervante lentitud que era propia de Rusia.

El fan ID, el carnet para identificar a los seguidores y permitirles la entrada en el país, resultó un afortunado instrumento que de hecho reemplazó los visados y permitió usar gratis el transporte terrestre y asistir a eventos culturales. Los ultras rusos, que motivaron que algún gobierno, como el británico, no recomendara a sus aficionados viajar a Rusia pues se temía que agredieran a los hinchas de otros países, desaparecieron o se convirtieron en inofensivas ovejas. Tampoco se concretó el temor de que nacionalistas xenófobos y homófobos agredieran a los representantes de minorías sexuales. Y, cosa curiosa, la kokoshka, una prenda femenina, se transformó en unisex y mujeres y hombres lucieron en sus cabezas este antiguo tocado.

“Agradecemos los millones de buenas palabras sobre Rusia y nuestro pueblo”, dijo Putin el sábado en el Teatro Bolshói; “estamos contentos de que los aficionados hayan visto todo con sus propios ojos y que hayan desaparecidos mitos y prejuicios”.

En las 11 sedes, los estadios estuvieron llenos; aunque el problema ahora es mantenerlos, cómo hacer que sigan sirviendo para la práctica del deporte y cómo justificar los grandes recursos invertidos: en los últimos cinco años, Rusia gastó cerca de 12.000 millones de euros para el Mundial.

Pese a algunos pequeños incidentes, en el Mundial ha reinado un ambiente festivo. El suizo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, resumió el sentimiento de muchos al afirmar que el Mundial ha cambiado la percepción que Occidente tenía de Rusia, país que demostró ser “cálido y hospitalario”. Lo que muchos ahora se preguntan es si esta imagen perdurará. La viceprimera ministra Olga Golodets considera que la Copa ha contrubuido a destruir estereotipos, lo que se traducirá, calcula, en un aumento del 15% del número de turistas que visitarán Rusia el próximo año.

Para algunos analistas, como Yevgueni Zuyenko, del think tank Carnegie en Moscú, sucedió algo inesperado: “Rusia se presentó ante el mundo como un país normal y amable, con una capital-megapolis multiétnica. El gran milagro del campeonato es que se puede ser normal sin que se desplome el mundo ni le suceda nada al país”.

Es este milagro el que muchísimos rusos quieren consolidar, dejar de ser un ogro para el resto del mundo.

Macron, champion, Macron, champion


El servicio de prensa de Putin inmortaliza la euforia del presidente en la promesa del regreso a la 'grandeur' y en la realidad de un equipo "franc-africano"




La foto del Mundial de Putin la ha difundido el propio Putin, expresión definitiva del propio ojo ubicuo y de la euforia ajena de Emmanuel Macron, cuya celebración en la cima del mundo tanto contradice las reglas del protocolo como precipita un comprensible ejercicio de hooliganismo y de paternalismo. Se diría que el presidente francés, sin chaqueta y con físico de runner, ha marcado el gol de la victoria. Y que el Kremlin no se ha resistido a difundir la fotografía, explorando un nuevo espacio de influencia y de instinto artístico, sin menoscabo de la cordialidad geopolítica que implica para Putin haber sido el anfitrión de un gran circo lúdico: ahora que Trump amenaza a Rusia y a la UE, se desprende que Moscú y París se reconcilian en el movimiento hipnótico del balón.

El fútbol es una forma cualquiera de hacer política. Y de inculcar un estado de ánimo, así es que Macron, desquiciado como una estrella de rock en el palco más vigilado del planeta, ha somatizado el título mundial con la desinhibición que ya demostró el presidente Pertini en 1982, cuando la victoria sobre los alemanes en el Bernabéu provocó que sobreviniera una tarantella.

A Macron solo le falta la guitarra eléctrica. Y le sobran argumentos para asumir como propio el optimismo de un país al que había prometido el regreso a la grandeur. Ninguna manera más efectiva, pasional y propagandística de conseguirla que el juego de todos los juegos y el partido de todos los partidos, hasta el extremo de que ha reaparecido en los Campos Elíseos el hermanamiento black, blanc, beur (negro, blanco y magrebí) a semejanza de cuanto sucedió en 1998.

Era entonces Chirac presidente. Y desaprovechó la derivada pedagógico-social de aquella victoria, de forma que Macron, consciente de la coyuntura política y de su papel de timonel, tiene delante la segunda oportunidad, no ya aprovechando el testigo de Deschamps en el tránsito de una época a la otra, sino recreando la convivencia de un equipo “franc-africano” de hijos de inmigrantes en el que han proliferado como nunca los apellidos y orígenes subsaharianos: Mbappé y Umtiti (Camerún) Dembélé (Mali-Senegal), Kanté y Sidibé (Mali), Pogba (Guinea), Nzonzi y Kimpembe (Congo), Matuidi (Angola), Tolisso (Togo). Hay jugadores tan rubios como le gustan a Le Pen (Griezmann) y tan fornidos que podrían militar en la aldea de Astérix (Pavard, Giroud), pero además hay españoles (Lucas Hernández, Lloris), un exotismo filipino (Areola) y una menor representación magrebí de la habitual -Nabil Fekir- que convierte a Francia en el equipo de United Colors of Benetton, en la alegoría del mestizaje y en la expresión multiétnica del "ejército pacífico" de Francia.

Fue en los Campos Elíseos donde Macron se ungió presidente. La pirámide del Louvre, la estatua ecuestre de Luis XIV y el Arco de Triunfo napoleónico abastecieron una dramaturgia mesiánica y providencialista que ha redondeado Vladímir Putin con una fotografía para la historia y para la histeria. Macron, champion.

Deschamps: “El fútbol ha evolucionado”


El técnico reconoce que Francia no jugó un gran partido, pero destaca su sentido colectivo: “Hemos hecho todo juntos, dentro y fuera del campo”

Los jugadores celebran con el entrenador Deschamps tras ganarle a Croacia en la final.


El cielo plomizo de Moscú descargó un tremendo aguacero cuando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino; el presidente ruso, Vladímir Putin, y sus homólogos de Francia y Croacia, Emmanuel Macron y Kolinda Grabar-Kitarovic, se disponían a la entrega de las medallas a los finalistas. Para cuando Didier Deschamps llegó hasta Putin, su traje estaba empapado. Contrastaba con la impoluta vestimenta de Putin, el único de los presentes sobre la tarima que fue cubierto con un paraguas desde que se precipitaron las primeras gotas. Deschamps recibió la presea que le igualaba en la historia al brasileño Mario Zagallo y al alemán Franz Beckenbauer como los únicos campeones del mundo como jugadores y entrenadores: “Significa cerrar un círculo y es un orgullo personal, pero honestamente es secundario. Yo me siento feliz por la felicidad de mis jugadores”, dijo el técnico.



Antes de comenzar su discurso, Deschamps se llevó otro chapuzón similar al que se llevó Vicente del Bosque en 2010. Sus jugadores, liderados por Griezmann en la primera tacada, irrumpieron en la sala de prensa del estadio Luzhniki y le empaparon en cerveza y agua. En la segunda oleada, Pogba encabezó el diluvio de líquidos sobre la cabeza de su seleccionador. “Es tan hermoso y maravilloso. Algunos son campeones a los 19 años. No hicimos un gran juego, pero mostramos cualidades mentales y logramos cuatro goles. Este triunfo es merecido. No siempre fue fácil, pero a fuerza de trabajo estamos aquí”, advirtió Deschamps. “Mis jugadores estarán en el techo del mundo durante cuatro años después de haber trabajado muchísimo durante 55 días. Esta final es la coronación suprema”, prosiguió. “Me dolió mucho perder el título de campeón de Europa hace dos años [ante Portugal], pero nos sirvió mucho a los jugadores y a mí a la hora de afrontar esta final”.

El triunfo de Francia es el de un entrenador que prioriza el pragmatismo sobre la estética. Su Francia no llena el ojo, como tampoco lo hizo la del 98, pero en términos de eficacia su reinado es indiscutible. La selección de Deschamps ha transmitido la sensación de ir sobrada desde un plan que pondera la defensa de los espacios, la fortaleza física en el medio del campo y el contragolpe. No tuvo ningún inconveniente la ya selección bicampeona del mundo en cederle la pelota a Croacia. “El fútbol ha evolucionado, el colectivo es crucial, pero hay talentos individuales que han hecho la diferencia: Griezmann, Mbappé, Umtiti, Pogba. Lo importante es cómo nos hemos mantenido unidos. Han hecho todo juntos, dentro y fuera del campo. En eso consiste el fútbol. Estoy convencido de que así será en este grupo. Necesito escucharlos a todos, en grupo e individualmente”. Le preguntaron a Deschamps por cómo se recordará a una selección que no ha enamorado con su juego: “¿Cómo nos recordarán? Francia es la campeona del mundo, lo que significa que es mejor que otras selecciones. Este es un grupo muy joven; para 14 de ellos es su primer Mundial. Estoy sorprendido por la manera en que han respondido durante el torneo. Nunca se han venido abajo, han hecho todo bien. Tenemos esa cualidad mental y psicológica que nos ha hecho merecer esta copa. El equipo tiene las mejores condiciones técnicas, aunque no fue suficiente en la primera parte. Creímos siempre en que podíamos ganar. Somos campeones”. El madridista Rapahel Varane terminó por completar una temporada redonda. Puede presumir de haber conquistado la Champions y ahora el Mundial: “Es una temporada estupenda, lo que estoy viviendo es algo enorme, fantástico, mi carrera ha arrancado de forma espectacular; a los 25 años un Mundial, cuatro Champions, no tengo palabras”. Varane dio las claves del éxito de su selección: “Hemos sufrido juntos, cada uno tiene talento y lo deja por el equipo. Este es un equipo joven y con talento, y de cara al gol no perdonamos”

La Francia mestiza se queda con la copa, Croacia con el honor y Pitana con las dudas


La selección gala conquista su segundo Mundial tras imponer su exuberancia física ante un encomiable equipo balcánico. El conjunto de Modric, el mejor del torneo, fue superior hasta quedar fundido por dos discutidas decisiones arbitrales y el despegue final de Mbappé

Hugo Lloris levanta el trofeo de campeón del mundo. Martin Meissner AP


Venció Francia, que fue lo único que hizo en la gran final: ganar. La gloria, para Croacia, que hizo todo lo contrario a su adversario, jugar hasta que acabó reventada por el infortunio arbitral y un par de relámpagos de Mbappé en el segundo tiempo. Los éxitos no siempre son hijos del mejor fútbol, si se tiene por tal quien más amenaza en el área rival, quien mejor transita con la pelota y quien más bloquea el rancho de su portería. En todo fue superior la milagrosa selección croata durante gran parte del reto. Solo vencida tras las casualidades que le hicieron ir a rebufo de la bicampeona Francia.

Otra Francia mestiza como la de 1998. Y de nuevo como un himno a la integración. Croacia, con el corazón por bandera, quedó para la eternidad en el olimpo del fútbol. Hay subcampeones tan célebres como inolvidables. Aquella Hungría de Ferenc Puskas de 1954, aquella Holanda de Johan Cruyff de 1974. Y esta Croacia de Modric —etiquetado con justicia como mejor jugador del torneo—. Un cuadro balcánico llegado a la final de Moscú tras alistarse a última hora en una repesca con Grecia, pasar por tres prórrogas y dos tandas de penaltis. Marciano para un equipo con un caladero limitado a cuatro millones de habitantes. Croacia, ante una proeza tan alpina con unos reclutas con una edad media tres años superior a la de los franceses. Con todo, nadie disputó más minutos y rodó tantos kilómetros como estos croatas decididos a proclamar la heroicidad del débil.



La final no fue una excepción. Francia, que por algo no alistó a Rabiot y Payet, irrumpió en territorio ruso dispuesta a imponer su exuberancia atlética. Así fue de principio a fin. Con Griezmann como violinista, en esta selección predominaron las trompetas de un grupo de muy notables boinas verdes. De paso, el equipo de Didier Deschamps —tercero en ganar la Copa como jugador y entrenador tras Franz Beckenbauer y Mario Zagallo— explotó como nadie la pauta del torneo: seis de sus últimos nueve goles en Rusia se originaron con el balón detenido.

Contra el modelo francés nadie se rebeló más que Croacia, donde la pelota no para a pies de Modric y Rakitic. El sentido gregario le permitió competir como nadie hasta que notó una sacudida tremenda. Al cumplirse la hora, la realidad era la escoria de su ilusión. El fútbol tiene guiños inexplicables. Al descanso, no habría francés o croata capaz de argumentar la ventaja gala.
Francia ganaba a partir de la nada. Despegó con un gol en casa propia de Mandzukic —el primero en una final certificado de esa forma— tras una falta que se sacó Griezmann de la chistera. Un gol inopinado para un equipo encogido en su campo para hacer valer su hercúleo pelotón: Varane, Umtiti, Pogba, Kanté, Matuidi... Lo mismo le dio tener fuera de foco a Griezmann y Mbappé. El pelotazo no desordena, así que lo primero la manta en el entrecejo. Paradójico y relevante de lo que es esta Francia: por sus pies ha pasado el único 0-0 del Mundial (contra Dinamarca).








Croacia, bien gobernada por Modric, tan cenital que le cabe un campo de fútbol en las botas, y el poliédrico Rakitic, daba vuelo a Rebic y Perisic por los costados. Mientras, sus centrales tenían bajo arresto a los puntas franceses, tan enchironados por la zaga rival como por el desapego de sus camaradas por dar cualquier paso al frente. Por fútbol, empeño y constancia, Perisic selló el empate tras unos cuantos rebotes croatas en la fortaleza de Lloris. El jugador del Inter maniobró de maravilla ante ese extraordinario centurión que es Kanté y anotó. Por cuarta vez, Croacia logró enmendar una derrota inicial.

No había ni migas del ataque galo, siquiera un par de pases entre sus reclutas, cuando Griezmann lanzó un córner. La pelota superó a Matuidi, pero dio, más bien por azar, en la mano izquierda de Perisic. De repente, el VAR, que no se activaba desde octavos, se puso en on. Porque sí. La acción, interpretable, desapercibida para el colegiado, en ningún caso era un “error clamoroso” del árbitro. Los jueces se hicieron los lonchas sobre el espíritu del VAR y el argentino Néstor Fabián Pitana echó un vistazo y otro vistazo hasta que condenó al equipo balcánico. Griezmann no falló.

De azote en azote, Croacia aún tuvo impulso en el primer tramo tras la tregua entre actos. Quizá no supiera que desde Uruguay contra Argentina en 1930, nadie había logrado remontar un resultado adverso al intermedio de una final. Pero a Croacia le ha movido una sobredosis de fe. Hasta que Mbappé, encorsetado por Deschamps en una banda en favor del ariete de hormigón que es Giroud, cogió pista. El parisino, de 19 años, el tercero más joven en disputar una final tras Pelé (Suecia 1958) y Bergomi (España 1982), pidió paso y metió el turbo. Primero, este Ronaldo en superpotencia (Nazario, no Cristiano), sacó la cadena a Vida y casi marca. Luego, se lanzó hacia un horizonte imposible y originó el gol de Pogba. Al 4-1 se apuntó él mismo. Ya solo hubo carrete para una pifia descomunal de Lloris en el 4-2 de Mandzukic. Bingo galo, honores para Croacia. Broche para un Mundial que merece el reconocimiento a Rusia por su buen orden y hospitalidad.

jueves, julio 12, 2018

“Los algoritmos reproducen las desigualdades del mundo real”



La profesora de la Universidad de Nueva York Meredith Broussard se rebela contra la supremacía de la tecnología y analiza sus debilidades

Meredith Broussard.


Meredith Broussard quería ser programadora. Se matriculó en Ciencias de la Computación en la Universidad de Harvard y era una de las únicas seis mujeres de la promoción, pero “el sexismo” la empujó a cambiar de carrera. Hoy es profesora de Periodismo de la Universidad de Nueva York y autora del libro Artificial Unintelligence, en el que describe los problemas de la tecnología y los sesgos raciales y de género que se esconden tras los algoritmos. Broussard critica que el mundo digital está reproduciendo las mismas desigualdades que la vida real y cree que parte del problema son las matemáticas, disciplina en la que se sustenta la programación, que históricamente ha sido liderada por hombres y que poco se ha preocupado por los problemas sociales.

Su lucha es demostrar que los ordenadores no son más objetivos que las personas ni más imparciales por el hecho de que su funcionamiento se base en preguntas y respuestas gestionadas bajo evaluaciones matemáticas. “Nunca va a haber una innovación tecnológica que nos aparte de los problemas esenciales que arrastra la naturaleza humana, por el simple hecho de que sus diseñadores son humanos”, cuenta a EL PAÍS en conversación telefónica desde Nueva York.

Pregunta. ¿Cuál es el principal mal al que nos conduce la tecnología?
La portada del libro que critica la inteligencia artificial.


Respuesta. Un día empecé a darme cuenta de que la forma en la que la gente habla de la tecnología no tiene nada que ver con la realidad. Los estadounidenses son demasiado entusiastas con el uso de aplicaciones en todas las facetas de la vida: la contratación de empleados, la conducción, los pagos o la elección de su pareja. Esa fascinación ha derivado en un diseño muy pobre de la tecnología, donde importa mucho la premura y poco los valores. Si intentamos solucionar los grandes problemas sociales usando únicamente la tecnología, cometeremos los mismos errores que han impedido el progreso y la igualdad. Entender esos límites nos ayudará a tomar decisiones más acertadas y ha llegado el momento de que la sociedad abra el debate de hasta dónde tiene que llegar la tecnología.

P. ¿Qué está fallando desde el punto de vista técnico?

R. Los ordenadores son máquinas que funcionan gracias a millones de cálculos matemáticos que no responden a ningún principio universal o natural, son símbolos que han sido creados por personas y que responden a una construcción social. Son el resultado de millones de pequeñas decisiones tomadas por diferentes ingenieros en determinadas empresas. El día a día está inundado de tecnología, pero las personas no han cambiado. Solo porque los gobiernos compartan sus datos en plataformas abiertas no quiere decir que no haya corrupción. Las nuevas empresas ligadas a la economía colaborativa tienen los mismos problemas laborales que se registraban al principio de la era industrial. Es ingenuo pensar que los datos por sí solos van a solucionar los problemas sociales.

P. ¿Podría poner un ejemplo de esa desigualdad que reproduce el mundo digital?

R. Los algoritmos son un buen ejemplo. En 2016, varios periodistas de ProPublica detectaron que uno de los algoritmos que se estaba usando en el sistema judicial estadounidense no era imparcial y perjudicaba a los afroamericanos. La Policía pasaba un cuestionario a todos los detenidos y sus respuestas se introducían en un ordenador. Un algoritmo llamado Compas usaba toda esa información para predecir la probabilidad de que una persona volviera a cometer un crimen en el futuro, asignándole una puntuación.

Esa puntuación se le pasaba a los jueces para ayudarles a tomar decisiones más objetivas y basadas en datos a la hora de emitir sus sentencias. Con un resultado claro: los afroamericanos eran condenados a penas más largas de cárcel que los blancos. Es fácil observar cómo los creadores de ese algoritmo estaban tan cegados por el poder de la tecnología que no recayeron en el daño que podría causar. Si das por hecho que una decisión generada por un ordenador es más justa e imparcial que la de una persona, dejas de cuestionarte la validez de ese sistema. Tenemos que plantearnos si estamos construyendo un mundo mejor o no.

P. Usted abandonó la carrera de Ciencias de la Computación porque no soportaba el sexismo. ¿Qué situaciones tenía que afrontar?

R. Me cansé de lidiar con el sexismo un día tras otro y me matriculé en Periodismo, donde la desigualdad de género no era tan pronunciada. Esa situación apenas ha cambiado. Si miras los puestos más altos entre los matemáticos verás que no hay mujeres, no porque no sean capaces, sino porque hay estructuras de poder que están manteniendo a las mujeres y a los negros fuera del poder en el escenario tecnológico. Tal y como cuento en mi libro, las STEM (siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) se asocian con una cultura de normas masculinizadas. La figura del científico se asocia con una actitud metódica, objetiva, poco emocional o competitiva, características que se asocian con los hombres. No lo digo yo, lo publicaron los investigadores Shane Bench y Heather Lench en 2015. Las mujeres sienten que no pertenecen a esos contextos.

P. Ese sexismo del que habla, ¿podemos encontrarlo también en los algoritmos?

R. En mi libro hablo de un caso concreto. En 2015 varios medios estadounidenses se hicieron eco de un experimento basado en la ciencia de los datos sobre cómo tomar un buen selfi (en español, autorretrato). Se medían aspectos como si la fotografía estaba enfocada o si se cortaba alguna parte del rostro. El investigador que llevó a cabo el experimento, Andrej Karpathy, que en ese momento era estudiante de doctorado en Stanford y ahora jefe de Inteligencia Artificial de Tesla, no se dio cuenta de que la mayoría de las imágenes consideradas como buenos selfis correspondían a mujeres blancas jóvenes.

Karpathy usó como principal indicador para su algoritmo la popularidad de la foto, el número de likes que había generado en las redes sociales. Esa era la métrica para obtener mejor o peor puntuación. Es un error muy común entre investigadores en el campo de la programación: no tienen en cuenta los valores sociales y los comportamientos humanos que hay detrás de sus estadísticas. Este científico de datos creó un modelo con una importante discriminación; daba prioridad a las mujeres blancas y jóvenes que responden a la definición heteronormativa de mujer atractiva.

P. ¿Cuál cree que es la solución para frenar esos sesgos?

R. Es necesario contratar a más personas expertas porque los sistemas totalmente autónomos no son válidos para lidiar con cuestiones sociales. Necesitamos grupos diversos creando tecnología. Puedes mirar a los que lideran las grandes tecnológicas y averiguar su visión de los temas sociales; simplemente no les importan. Mark Zuckerberg aseguró en su declaración en el Congreso que Facebook desarrollaría herramientas de inteligencia artificial para lidiar con esos problemas, pero han sabido de ellos durante años y no han hecho nada. Manipulación política, racismo… Pueden contratar gente suficiente, no será por dinero.

miércoles, julio 11, 2018

La pesadilla de William Blake


El gran triunfo de las máquinas sobre los humanos en el siglo XXI no son las noticias falsas, sino la docilidad con la que nos hemos adaptado a ellas. Lo importante no es decir la verdad, sino que te crean

NICOLÁS AZNÁREZ

William Blake fue hijo y detractor de la Revolución Industrial. El tránsito del siglo XVIII al XIX lo hizo asombrado por la velocidad con la que Europa empezaba a mecanizarse y la rapidez con la que las máquinas comenzaban a desplazar a las personas de sus puestos de trabajo. Como también harían Byron o Shelley, el poeta Blake comenzó una resistencia artística, propiamente romántica, contra la mecanización de Europa, que pronto sería la de Occidente, y que a él le parecía un derrotero nefasto de la civilización.



Veía con toda claridad que entregarse a la industria y al progreso era una opción poco afortunada, y en todo caso pensaba que la revolución de la industria debía tener el contrapeso de una revolución cultural, para que la civilización occidental no quedara atrapada en la pura mecanización, en la producción en masa, en la acumulación de capital, en el progreso a toda costa.

Sin el antídoto de la revolución cultural que intentaron los poetas románticos, el mundo que quedó es precisamente el que tenemos ahora, un mundo cada vez más mecanizado en donde las máquinas no solo siguen desplazando a los hombres, sino que ya las tenemos incrustadas en la rutina cotidiana; no solo hacen buena parte de nuestro trabajo, sino que, además, en el caso de los ordenadores, con la humanidad entera prisionera de sus redes, han conseguido que la ciudadanía piense, opine, se exprese y actúe dentro del marco que establece la máquina.

El ordenador con sus redes hubiera sido, seguramente, la pesadilla más espesa de William Blake; en una sola sesión con esta máquina, el poeta hubiera podido comprobar el triunfo inapelable de la Revolución Industrial y la ingenuidad romántica de su revolución cultural. Además, hubiera podido verificar esa realidad diabólica que los habitantes de este milenio vivimos con una desenfadada normalidad: la máquina que piensa por ti acaba contagiándote su forma de pensar. ¿Cuántas veces al día Google, o Waze, o Shazam, o el iluminado de turno en Twitter, piensa por nosotros?

“Debo crear un sistema o ser esclavizado por el de otro hombre. No me interesa razonar y comparar: lo mío es crear”. Esta idea de Blake es toda una invitación a pensar fuera de la máquina, a desconfiar de la fuente de la que todos abrevan y a crear nuestros propios pensamientos. Las redes sociales han pasado de ser el espejo del mundo a convertirse en su directriz, comenzaron reflejando la vida real y ahora son ellas las que nutren la realidad con sus modos, sus formas y sus tics; es como si el ordenador nos devolviera nuestra propia realidad jerarquizada de otra forma, como si la máquina, como temía el poeta, nos indicara qué pensar y a qué parcela de toda la información que circula de red en red nos está permitido asomarnos.



La brevedad que imponen las Redes ha cambiado ya la manera de comunicarnos

La brevedad que imponen las redes ha cambiado ya, por ejemplo, la manera de comunicarnos con otra persona; la brevedad del whatsapp empieza a desterrar al e-mail, que ya es visto como una no práctica antigualla que venimos arrastrando desde el siglo XX, aunque en su tiempo fue la maravilla hipermoderna que aniquiló las cartas de papel. La secuencia de la carta, el e-mail y el whatsapp es cristalina, e indica que cada vez se escribe menos en mensajes más cortos que llegan más rápido; ya no importan la forma, la sintaxis, ni el estilo, ni la ortografía, lo que importa es que el mensaje, que es invariablemente urgente, llegue rápido, tan rápido que a veces ni siquiera hay que escribirlo, basta con insertar un emoticono. Pero quizá lo que de verdad indica esta secuencia es que la máquina nos señala el camino.

La brevedad en Twitter es imprescindible, la idea que triunfa en esta red social es la que va encapsulada en una frase corta y contundente, y la longitud y la contundencia están por encima de la verdad, un valor que a estas alturas del milenio ya ha perdido un buen porcentaje de su jerarquía. Si la frase es deslumbrante, pero rebasa los 100 caracteres, tendrá menos quórum que una breve, aunque sea opaca; y si lo que se ha tuiteado es un linka un texto largo ya podemos despedirnos de la mayoría de nuestros seguidores.

Los periódicos, uno de los últimos bastiones de la prosa larga, han adoptado ya la frase eficaz de Twitter, la nota condensada y la promiscuidad temática característica de la red social. Los nuevos lectores ya son incapaces de orientarse en las enormes hojas de papel de los periódicos, necesitan la eficacia del link y la velocidad y la ligereza con la que viajan de una noticia a la otra.

En unos cuantos años, la velocidad y la eficacia se han implantado como los valores supremos de nuestro tiempo, se nos inoculan cada vez que dejamos que entre el wifi, y ya han llegado a territorios tan aparentemente ajenos como el del tenis; este deporte ha cedido a la presión, y hoy un tenista, para triunfar, más que talento necesita potencia, resistencia y agresividad, la misma eficiencia que se le exige al tuitero o al periodista o al político para que logren obtener muchos seguidores; porque la máquina nos adiestra cada día con la idea de que el éxito se mide por la cantidad, por el número. En el tenis de este milenio ya no hay espacio para los golpes artísticos, el revés a una mano; la suerte más hermosa de este deporte está en un acelerado proceso de extinción, porque la mayoría de los jugadores eligen el revés a dos manos, que es menos plástico, pero tiene más potencia, es simple y eficiente como un tuit. ¿A quién le importa hacer un golpe bello cuando lo único que importa es triunfar?

¿Y a quién le importa decir la verdad cuando lo único que importa en el siglo XXI es que te crean? El gran triunfo de la máquina sobre nosotros no son las fake news, las mentiras que se multiplican hasta que se convierten en verdad, sino la docilidad con la que nos hemos adaptado a ellas. William Blake, ese poeta que era capaz de vislumbrar el mundo entero en una flor, vería con desconcierto cómo la máquina ha conseguido ya imponernos la brevedad y la velocidad como valores primordiales, y cómo va consiguiendo poner en entredicho la verdad y normalizar la mentira en la vida pública sin que nadie se escandalice. Y, desde luego, no le gustaría nada la devaluación que ha sufrido la palabra, que ya vale poco si no va montada en un tuit.